
Nuevo Testamento · Hechos 16
La comerciante que abrió su casa
Lee la historia, conversen sobre lo que enseña y elijan juntos una forma de llevarla a la práctica.
“Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y posad.”
La historia
Lidia vendía telas de púrpura, que era el género más caro de la época, así que era una mujer de negocios con dinero propio. Un sábado estaba junto al río con otras mujeres cuando llegó Pablo y se pusieron a hablar.
Ella escuchó, creyó y se bautizó con toda su casa. Y después casi los obligó a alojarse con ella. Aquella casa fue la primera iglesia de Europa.
Lo que nos enseña
Lo de Lidia empieza en una conversación junto a un río y acaba con una puerta abierta. No predicó ni viajó: puso su casa. Muchas cosas grandes no empezaron en un edificio, empezaron en el salón de alguien que dijo "venid".
Abrir la casa sigue siendo de las cosas más generosas que se pueden hacer.
Para hablar en familia
Dejen que cada persona responda con sus propias palabras. No hay respuestas para memorizar.
- ¿A quién podríamos invitar a casa este mes?
- ¿Qué tenemos nosotros que podría servirle a otros?
Una idea para esta semana
Abrir la casa empieza por hacer espacio: inviten a alguien a compartir una conversación, una merienda o un momento de oración.
Para orar juntos
Señor, que nuestra casa sea de puertas abiertas.
Imprime y píntala con tus hijos
El PDF trae dos hojas: la historia para leer y el dibujo para colorear.